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      La Sepsis es un conjunto de anormalidades bioquímicas que ocurre en el organismo del ser humano y por tratarse de una condición que pone en riesgo la vida requiere hospitalización de emergencia inmediata.

      La Sepsis*, también conocida como septicemia, se produce por una respuesta inmunitaria desbalanceada o exagerada de nuestro organismo ante una infección, que termina dañando los propios tejidos y órganos provocando una falla general conocida como shock séptico. La infección que ocasiona esta respuesta inmune alterada puede ser causada por virus o bacterias.

      Pero no son virus ni bacterias especiales las que pueden provocar esta respuesta, ya que  no es causada directamente por estos micro organismos, sino que es el organismo humano el que libera sustancias químicas que desencadenan esta grave condición.

      Puede decirse que la sepsis es la respuesta abrumadora, tóxica y activa del cuerpo ante una infección.

      Nuestro sistema inmune normalmente trabaja para combatir los gérmenes (bacterias, virus, hongos o parásitos) para prevenir una infección. Utiliza muchos recursos como defensa, los más conocidos por el público en general son los glóbulos blancos y los anticuerpos.

      Si se produce la infección, el mismo sistema inmunitario intentará combatirla, aunque es posible que se necesite ayuda con medicamentos como antibióticos, antivirales, anti fúngicos y antiparasitarios. Sin embargo, por razones que los investigadores no comprenden, a veces el sistema inmunológico deja de luchar contra los “invasores” y comienza a activarse. Este es el comienzo de la sepsis.

      De acuerdo a la gravedad, el tratamiento consiste en la perfusión con líquidos intravenosos y a veces agentes vasopresores, sostén con oxígeno (O2), administración de antibióticos de amplio espectro, control de la fuente de la infección y en ocasiones otras medidas de sostén de terapia intensiva.

       

      CAUSAS DE LA SEPSIS

      La sepsis provoca millones de muertes anuales en el mundo y es la causa de muerte más común en las personas hospitalizadas.

      • Edad: la sepsis afecta a personas de todas las edades. Los muy jóvenes (bebés) y aquellos que ya tienen un problema de salud crónico o un sistema inmunológico comprometido tienen un mayor riesgo de desarrollar sepsis. Pero las personas mayores de 65 años, particularmente aquellas que tienen problemas de salud, son aún más susceptibles a la sepsis que cualquier otro grupo. Según un estudio publicado en 2006, las personas de 65 años o más representan el 65% de los casos de sepsis en los hospitales.
      • Un sistema inmune debilitado: los bebés recién nacidos poseen un sistema inmune aún en desarrollo, por eso si contraen una infección pueden sufrir una sepsis. Los pacientes que reciben quimioterapia, o con enfermedades hepáticas o renales, SIDA o que carecen del bazo (asplenia).
      • Enfermedades crónicas: cualquier enfermedad crónica, el cáncer y la diabetes, y las mencionadas anteriormente, pueden deteriorar el sistema inmune, y constituyen un factor de riesgo para sufrir una sepsis.
      • Lesiones profundas o quemaduras extensas
      • Paciente con catéteres intravenosos, sondas y prótesis
      • Adictos a drogas intravenosas o alcohol
      • Lugar y tipo de infección: en realidad cualquier infección, desde la más pequeña (una picadura de un insecto, una lastimadura, etc.) hasta la más grave (neumonía, meningitis, etc.) puede desencadenar una sepsis, que puede provocar una sepsis grave y un shock séptico. La infección puede ser bacteriana, viral, micótica o parasitaria. Pero hay infecciones en algunas partes del cuerpo que con más frecuencia desencadenan una sepsis: huesos (niños), meninges, intestino, hígado, vesícula, pulmones (neumonía) y piel (celulitis).

      SÍNTOMAS DE UNA SEPSIS

      Para diagnosticar la sepsis los médicos analizan los síntomas y las pruebas de laboratorio. Algunos de los síntomas comunes incluyen cualquier infección combinada con lo siguiente:

      • Temperatura más alta o baja de lo normal
      • Pulso acelerado
      • Respiración acelerada
      • Cantidad de glóbulos blancos muy alta o muy baja
      • Temblores severos, también conocidos como “escalofríos”
      • Cambios en el estado mental (por ejemplo, confusión, pérdida de memoria, problemas con el pensamiento)

      Si la enfermedad avanza, disminuye la presión sanguínea y los órganos vitales (tales como los riñones o el hígado) pueden empezar a fallar.

      CLASIFICACIÓN DE LA SEPSIS

      Según su gravedad también puede clasificarse en 3 tipos. También pueden considerarse como etapas si el paciente no responde al tratamiento:

      • Sepsis no complicada: puede ser causada por una gripe, una gastroenteritis o un absceso dental. Es bastante común y si el paciente responde a los antibióticos en algunos casos no requiere hospitalización.
      • Sepsis grave: hay además problemas de uno o más órganos vitales, como el corazón, los riñones, los pulmones o el hígado, y a causa de esos problemas las personas con sepsis grave tienen más probabilidades de morir.
      • Shock séptico: la sepsis se combina con un descenso de la presión arterial, el paciente no responde a la administración de líquidos (suero) y hay falla multi orgánica con falta de oxígeno. La mortalidad en esta etapa es muy alta (50%).

      CÓMO PREVENIR UNA SEPSIS

      Como mencionamos, cualquier tipo de infección puede desencadenar una sepsis. Algunas infecciones se previenen con simples medidas de higiene, otras con vacunas. Veamos algunos casos.

      • Cuidar las heridas:

      Cada corte o rasguño puede permitir que las bacterias entren al cuerpo y desencadenen una infección. Por eso, todas las heridas deben ser limpiadas inmediatamente y hacer un seguimiento para identificar una infección. Lávese las manos antes de tocar una herida. Si es profunda, puede necesitar puntos, así que debe concurrir al médico.

      • Ampollas:

      No rompa las ampollas: son una barrera natural para impedir que una infección pase a la piel herida que está abajo. Si se rompe, mantenga la herida limpia y coloque un apósito (curita).

      • Trate las infecciones correctamente:

      Si tiene una infección, debe ir al médico a que le indique qué antibióticos tomar. Respete las dosis y las horas de cada toma. Termine el tratamiento completo (7 o 10 días), aunque se sienta mejor no deje de tomar los antibióticos.

      • Lávese las manos:

      Especialmente para evitar las infecciones de hongos y parásitos, lávese las manos con agua y jabón bajo la canilla, incluyendo entre los dedos y debajo de las uñas. Séquese con toalla limpia.

      • Si cuida o vive con alguien inmuno deprimido:

      Debe lavarse las manos en forma más estricta: arremánguese y lave hasta las muñecas, sin anillos o pulseras. Si es con agua tibia, mejor.

      • Vacunas:

      Las vacunas producen anticuerpos que nos protegen de infecciones, o hacen que, de producirse, sean más leves y no deriven en una sepsis. Para muchas infecciones se han desarrollado vacunas, como para la gripe, tétanos, poliomielitis, varicela, etc. Respete el calendario y siga las indicaciones del médico sobre las vacunas apropiadas para su edad.

      Algunas personas no pueden vacunarse contra ciertas enfermedades. Entonces es indispensable que las personas que las rodean sí estén vacunadas.

      Si sospecha que tiene algún síntoma de sepsis, llame inmediatamente a su médico o a un servicio de emergencia a domicilio.

      Nota:

      *Hasta el año 2015 se consideraba la sepsis como el resultado de una respuesta inflamatoria sistémica (SRIS) por cualquier causa. Actualmente se considera que la sepsis siempre está relacionada con una infección y este artículo está basado en esa definición. También son incorrectos los términos de intoxicación o envenenamiento sanguíneo.

      Fuentes:

      Sepsis Alliance

      El efecto de la edad en el desarrollo de la sepsis